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Por Agustín de Vicente , 10 de diciembre de 2025 | 03:48

Anemia en jóvenes: la condición silenciosa que afecta energía, ánimo y rendimiento

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Fatiga, palidez y mareos pueden ser signos de anemia en jóvenes. Conoce síntomas, exámenes para detectarla y hábitos alimentarios que ayudan a prevenirla.

Fatiga constante, palidez, mareos o dificultad para concentrarse suelen atribuirse al estrés, al ritmo académico o a la falta de sueño. Sin embargo, en muchos casos estos síntomas corresponden a anemia, una condición en la que disminuyen los glóbulos rojos o la hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno a los tejidos.

Cuando estos niveles bajan, el cuerpo funciona con menos energía y se empiezan a manifestar señales que impactan la vida diaria de niños, adolescentes y jóvenes adultos.

Síntomas: cuando el cansancio no es solo “agotamiento”

Según explica María Angélica Barrientos, académica de la Escuela de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello, en los adolescentes la anemia se manifiesta con:

  • Debilidad y fatiga persistente
  • Dolor de cabeza
  • Dificultad para concentrarse
  • Taquicardia (latidos rápidos)
  • Irritabilidad o cambios de ánimo
  • En etapas más avanzadas, caída del cabello y uñas quebradizas

La especialista agrega que incluso puede aparecer pica, un impulso por consumir sustancias no nutritivas como hielo, tierra o papel, que puede ser un signo de déficit de hierro y debe ser evaluado por un profesional de salud.

¿Cómo se detecta la anemia en jóvenes?

El primer paso para confirmar o descartar anemia es un hemograma, examen de sangre que analiza:

  • Hematocrito
  • Hemoglobina
  • Recuento de glóbulos rojos
  • Reticulocitos (células jóvenes de la serie roja)

“La revisión microscópica de una gota de sangre entrega pistas sobre el tamaño, forma y color de los eritrocitos, lo que orienta sobre el nutriente deficitario que afecta la producción en la médula ósea”, explica Barrientos.

A partir de estos resultados, se solicitan exámenes que ayudan a identificar la causa:

  • Cinética del hierro (hierro sérico, ferritina, capacidad de fijación)
  • Niveles de vitaminas B12, B9 (ácido fólico) y B6

Estos nutrientes son esenciales para la producción de hemoglobina y la división celular, por lo que su déficit puede desencadenar distintos tipos de anemia.

Ante síntomas persistentes como cansancio extremo, mareos, palidez o falta de aire, es clave consultar a un médico y no automedicarse.

Alimentación y prevención: qué comer para cuidar la sangre

La docente UNAB enfatiza que la alimentación tiene un rol central en la prevención de la anemia, especialmente en etapas de crecimiento, desarrollo y alta demanda física o cognitiva. Entre los alimentos que aportan hierro y vitaminas del complejo B, recomienda:

  • Carnes, especialmente rojas, pero también blancas
  • Pescados y mariscos
  • Legumbres (lentejas, porotos, garbanzos)
  • Huevos
  • Verduras de hoja verde
  • Cereales (idealmente fortificados)
  • Frutas cítricas, que aportan vitamina C y ayudan a absorber mejor el hierro

“En mujeres adolescentes embarazadas, la demanda aumenta por el desarrollo fetal, por lo que requieren un aporte adicional de hierro y vitaminas del complejo B”, señala Barrientos, subrayando la importancia del control prenatal y la suplementación indicada por profesionales.

Hábitos que afectan la absorción de nutrientes

No solo importa qué se come, sino cómo se combinan y preparan los alimentos. La especialista detalla algunos factores que pueden interferir en la correcta absorción de hierro y vitaminas:

  • Productos integrales en exceso pueden reducir la absorción de hierro por su contenido de fitatos.
  • Bebidas gaseosas y algunas infusiones consumidas junto a las comidas también pueden disminuir la absorción de ciertos minerales.
  • La cocción prolongada de las verduras reduce el aporte de vitaminas sensibles al calor, como las del complejo B.

“Ajustar estas prácticas permite mejorar la biodisponibilidad de los nutrientes y reducir el riesgo de anemia en una etapa crucial para el crecimiento y el desarrollo”, aclara Barrientos.

Una condición silenciosa en medio de exámenes, deporte y redes sociales

En un contexto donde los jóvenes conviven con exigencias académicas, deportivas y sociales, la anemia muchas veces pasa inadvertida o se confunde con “agotamiento normal”. Sin embargo, sus efectos sobre la energía, el rendimiento y el bienestar emocional pueden ser significativos.

“La anemia no siempre da señales evidentes, pero su impacto en energía, rendimiento y bienestar la convierte en una condición que merece atención en la vida adolescente”, concluye la tecnóloga médica.

La recomendación de los especialistas es clara:

  • No normalizar el cansancio extremo, los mareos o la falta de aire.
  • Mantener controles de salud periódicos.
  • Cuidar la alimentación diaria y consultar a tiempo ante dudas.

Detectada a tiempo y con el tratamiento adecuado, la anemia puede controlarse y revertirse, permitiendo que los jóvenes retomen su rutina con más energía y mejor calidad de vida.

 

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