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Por Valentina Lagos , 3 de marzo de 2026 | 09:15

El sistema estratégico que promueve la restauración ecosistémica en el extremo sur

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A través de una red provincial de viveros y un marcado enfoque en la genética local, la Región de Aysén consolida una infraestructura verde capaz de enfrentar los desafíos climáticos más exigentes.

Ante las diversas adversidades causadas por la crisis climática, la Región de Aysén ha logrado estructurar una respuesta técnica y productiva de gran escala. El sistema regional de viveros, operado por el Departamento de Bosques y Cambio Climático, se ha consolidado como una herramienta clave para la restauración de suelos, la reconversión de plantaciones y el fortalecimiento del patrimonio arbóreo del territorio.

De acuerdo con el inventario de diciembre de 2025, el sistema mantiene actualmente 866.673 plantas en producción. Lo más relevante para la biodiversidad regional es que el 69,6% corresponden a especies nativas (603.388 plantas), mientras que el 30,4% restante (263.285 plantas) se enfoca en especies exóticas con fines productivos o de control.

Este despliegue operativo cuenta con el apoyo del Gobierno Regional de Aysén mediante el financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), permitiendo profesionalizar procesos en cuatro centros clave: El Mallín (Puerto Aysén), Las Lengas (Coyhaique), Augusto Falcón (Chile Chico) y el vivero de Cochrane.

El Vivero El Mallín destaca como el principal nodo con 548.861 plantas, donde se producen 43 especies nativas y 27 exóticas mediante sistemas tecnificados como bandejas tubetes, bolsas y speedling. Por su parte, en Las Lengas de Coyhaique, la producción de 267.163 plantas prioriza especies emblemáticas como la lenga, el coigüe, el ciprés de la cordillera y la araucaria.

Al respecto, el profesional a cargo, César León González, subraya la complejidad del proceso: “Cada planta que producimos tiene detrás mano de obra, infraestructura, insumos y años de trabajo. No es solo producir, es preparar plantas para que puedan sobrevivir en condiciones climáticas exigentes”.

En la zona sur, el Vivero Augusto Falcón de Chile Chico aporta cerca de 25.000 ejemplares, con un foco especial en la reconversión del Parque Patagonia. En tanto, el Vivero de Cochrane no solo mantiene una producción de similar volumen, sino que ha mutado hacia un modelo de integración social.

El jefe provincial, Wildo Palma Morales, destaca este impacto: “Nuestro vivero es un aula al aire libre. Aquí niños, jóvenes y adultos pueden comprender cómo nace un bosque y sentirse parte del proceso”.

La producción sigue un ciclo riguroso: recolección de semillas en bosques regionales, siembra, trasplante y un crítico proceso de endurecimiento bajo riego tecnificado, diseñado específicamente para aumentar la sobrevivencia en terreno frente a eventos climáticos extremos.

El desafío actual, según José Urrutia Bustos, encargado de las Secciones Bosques Urbanos y Bosques Plantados, se basa en manejar la diversidad: actualmente se gestionan 45 especies nativas y 30 exóticas, cada una con requerimientos únicos de sustrato, temperatura y luminosidad.

El impacto del sistema se traduce también en un beneficio directo para la comunidad mediante la entrega gratuita de hasta 50 árboles anuales por persona, bajo el compromiso de cuidado y seguimiento técnico.

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