Innovación Social
Por Agustín de Vicente

Artesanas de lana merino buscan posicionarse en el mercado de productos exclusivos

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Desde ruanas, mantas y chalecos, hasta pieceras, cojines y bajadas de cama, son sólo algunos de los productos elaborados por las manos de artistas textiles de la sexta región

El recorrido de las prendas “Tras la hebra de la oveja merino” comienza en las zonas rurales de región de O’Higgins, atravesadas por llanuras, cerros y zonas de pastoreo, hasta llegar al primer Centro de Extensión e Interpretación Textil del país, ubicado en la comuna de Marchigüe (pronto a inaugurar).

Esta historia comienza hace 7 años, cuando un grupo de investigadores de la Universidad Santo Tomás, liderados por la médico veterinario Marcela Gómez Ceruti, deciden rescatar el patrimonio genético de ovejas de raza Merino, seleccionando los mejores ejemplares presentes en los campos e incorporando material genético de carneros vivos importados desde Australia por un agricultor de la zona. El resultado: una excelente conformación carnicera, pero además una fibra fina, muy cotizada en mercados de alto valor.

“Gracias a la lana Merino que se está obteniendo y que se traspasa a las artesanas de la Ruta Textil, se está desarrollando una gran colección de prendas hechas a mano que llevan el sello denominado ´Tras la hebra de la oveja Merino, siguiendo el hilo que nos une´. Esto da cuenta de un trabajo colaborativo y de una alianza virtuosa en toda la cadena del Merino”, señala Gómez Ceruti.

Dentro de las acciones contempladas en el proyecto “Capital Humano para la Ruta Textil” se crearon diferentes estaciones, implementadas en las comunas de Placilla, Las Cabras, La Estrella, Chépica, Pumanque y Marchigüe.  En estos lugares los turistas pueden observar el proceso de la lana y apreciar finos hilados y bellos tejidos.

Poniendo en valor el patrimonio

Los diseños están inspirados en antiguas tradiciones del territorio, la mayoría originarias que se han ido nutriendo de nuevas influencias.

Alejandra Fuenzalida, diseñadora quien junto al equipo del Centro OVISNOVA de la Universidad Santo Tomás, apoyó la convocatoria de artesanas a participar de este proyecto, señala que: “Esta colección de textiles construidos en esta suave fibra, está inspirada tanto en técnicas de gasa del norte andino y pehuenche, técnica de pelos propios de los chañuntuko, tejidos de bayeta, laboreados y muchos más”.

La lana merino es considerada la más fina del mundo – de ahí su alto costo- porque contiene una mayor cantidad de rizos y debido a la finura de la fibra, es mucho más agradable en la piel, además es antialérgica, suave, seca muy rápido, antitranspirante, otorga protección natural contra los rayos UV, es completamente térmica y no pica.

“Al ser tan fina, permite la obtención de hilados muy suaves, y por lo mismo podemos hacer productos y prendas de vestir de gran calidad, incluso ropa de bebés. Cuando conocimos y comenzamos a trabajar esta fibra, nos enamoramos de sus cualidades y la incorporamos a nuestra forma de trabajar”, señala Teresa Brito, artesana de la comuna de Pumanque.

“Estamos innovando dentro de nuestra tradición y además desarrollando nuevos diseños e insertándonos en un mercado donde la calidad será nuestro sello, son productos realmente exclusivos”, destaca la tejedora.

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