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Por Agustín de Vicente

Investigadores adaptarán árboles nativos para que resistan al cambio climático

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Científicos trabajarán en la mejora de la adaptabilidad de especies forestales, como el quillay, la araucaria, el maqui, el boldo y el raulí, a través de herramientas biotecnológicas

Una pequeña planta de araucaria de dos años de vida y tan sólo dos centímetros de longitud creciendo al interior de un tubo de ensayo como medio de cultivo, diversas especies de hongos en bolsas y semillas de distintas especies arbóreas, son solo una parte de lo que se puede ver dentro de los laboratorios de Genética, Hongos y Biomasa del Instituto Nacional Forestal (INFOR), de la región del Biobío, una de las sedes de este organismo dependiente del Ministerio de Agricultura y  que está enfocado a desarrollar el área forestal del país, a través de investigaciones y transferencia de conocimientos e innovación.

Estas instalaciones funcionan bajo estándares internacionales y, en ellas, trabajan científicos que están dedicados a acercar la ciencia a la pequeña y mediana agricultura. Durante años, han realizado investigaciones para aumentar la productividad de este sector– sin descuidar el enfoque sustentable–y dentro de unos meses sumarán a sus dependencias un nuevo espacio. Se trata del Laboratorio de Genómica Forestal, dirigido por seis profesionales del área de Biotecnología Vegetal y Genética Forestal, cuyo objetivo central será mejorar y conservar la genética de especies forestales nativas y exóticas. ¿Cómo lo conseguirán?, perfeccionando su adaptabilidad a los efectos negativos del cambio climático y aumentando su productividad comercial.

De acuerdo a la directora ejecutiva del Instituto Forestal (INFOR), Sandra Gacitúa Arias, "el nuevo Laboratorio de Genómica Forestal nos permite dar respuesta en el corto plazo a las necesidades de disponer y transferir material vegetal (plántulas y semillas) genéticamente mejorado, que pueda ser utilizado por pequeños forestadores, apicultores, viveristas y/o empresas asociadas al rubro forestal, que requieran aumentar la adaptación y/o productividad de sus plantaciones, las que cómo sabemos, se han visto afectadas por el cambio climático y en temas de conservación de los recursos forestales del país, podemos brindar la oportunidad de monitorear las  especies que puedan estar amenazadas y generar una respuesta más rápida y eficiente contribuyendo a así a un modelo de desarrollo forestal sustentable.”

Sinergia entre la ciencia y el campo

Jorge González, ingeniero en Biotecnología Vegetal, quien será el encargado del nuevo Laboratorio de Genómica Forestal, explica que ya están trabajando en el desarrollo de un portafolio de actividades, dentro de un contexto de marcha blanca. De esta manera, avanzan en la mejora de la adaptabilidad de especies forestales, como el quillay, la araucaria, el maqui, el boldo y el raulí, a través de herramientas biotecnológicas que permiten establecer un sistema de selección. Además, trabajan en la trazabilidad de las especies, con la cual evitan que el comercio afecte a la flora del país. Un ejemplo de esto, es la asesoría que entregan a los puertos, para evitar que exista tráfico ilegal de especies leñosas.

El investigador explica que la forma de mejorar la genética de las especies forestales se realiza a través de la selección de genotipos o material que tenga una mejor adaptación, por medio de instrumentos tecnologizados. “En los laboratorios contamos con herramientas de fisiología que nos permiten ver la eficiencia hídrica y, por ejemplo, qué tanto resiste una planta a la sequía. Este trabajo lo ponemos en manos de la agricultura campesina, ya que no es lo mismo que ellos compren las plantas en viveros donde no hay mejora o ciencia detrás de ellas”, enfatiza.

Para acercar estos conocimientos a la comunidad agrícola, INFOR realiza capacitaciones teóricas y prácticas en sus laboratorios, así como también en el campo, y establece unidades productivas en terreno. Un ejemplo de esto, es la construcción de huertos melíferos en los predios de apicultores, lugar donde plantan diferentes especies nativas que se utilizan para alimentar a las abejas y garantizar la producción de flores durante la temporada que producen miel.

Gracias a un proyecto internacional entre INFOR y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), además, algunos de los investigadores que trabajarán en el nuevo laboratorio, ya han realizado capacitaciones en la Universidad Federal de Pelotas en Brasil, para adquirir los conocimientos requeridos para dirigir estas instalaciones, que serán inauguradas en noviembre próximo.

El espacio operará en red con los laboratorios de Semillas Forestales, de Micropropagación y  de Micología del INFOR, los cuales en conjunto permitirán el desarrollo de diferentes estrategias que no sólo estarán limitadas a las plantas, sino que también a hongos y otros organismos.

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